Sostenibilidad real
Empaque sin plástico de un solo uso, componentes reparables y un programa para reciclar baterías al final de su vida. Menos discurso, más acciones medibles.
Rambla empezó con una idea sencilla: que moverse por la ciudad volviera a sentirse ligero, limpio y un poco más humano. Esta es la historia de cómo una banqueta de la Condesa terminó en cuatro ciudades.
Todo arrancó en una banqueta de la Condesa, esperando que cambiara un semáforo, viendo pasar coche tras coche con una sola persona dentro. Pensamos: tiene que haber una forma más amable de llegar.
Así nació Rambla en 2021, en un taller pequeño de la colonia Roma con tres bicis prestadas, una soldadora de segunda mano y muchas ganas. Queríamos una e-bike que no pareciera un aparato: que fuera cálida, bonita y fácil de querer. Una bici que invitara a salir, no que intimidara.
Nuestras calles tienen baches, topes, sol fuerte y subidas inesperadas. Por eso afinamos cada modelo aquí: llantas antipinchazos, guardabarros que de verdad cubren y motores que arrancan con ganas en una pendiente de la Roma o de Chapultepec.
Trabajamos con talleres locales para el ensamble final y elegimos componentes que cualquier mecánico de barrio pueda reparar. Una Rambla no es desechable: está pensada para durar y para repararse.
No vendemos velocidad. Vendemos la posibilidad de llegar de buenas: sin buscar estacionamiento, sin sudar, sin gastar en gasolina y con la cabeza despejada. Esa es la ciudad a tu ritmo que imaginamos.
"No queríamos hacer una bici eléctrica más. Queríamos hacer la bici que nos hiciera salir de casa con una sonrisa." — equipo fundador Rambla
Cinco años de prototipos, rodadas y tardes de soldadura. Esta es la línea de tiempo de Rambla.
Tres bicis, un taller en la Roma y un cuaderno lleno de bocetos. La primera Rambla rodó por la calle Tamaulipas un domingo en la mañana. No tenía nombre todavía, solo cinta de aislar y esperanza.
Bautizamos la marca "Rambla" por esos paseos sin prisa, y terminamos el primer cuadro de aluminio reciclado hidroformado. Diez personas lo probaron durante un mes en sus trayectos reales.
Abrimos nuestro primer showroom en la Ciudad de México y arrancamos las pruebas de manejo gratuitas. La gente quería sentir la asistencia antes de creerla. Vendimos las primeras 200 bicis.
Cruzamos a Guadalajara con una segunda sucursal y lanzamos la app Rambla: modos de asistencia, antirrobo y registro de kilómetros. La comunidad empezó a organizar sus propias rodadas.
Sucursales en CDMX, Guadalajara, Querétaro y Monterrey, y una comunidad que rueda junta el primer domingo de cada mes. Estrenamos el programa de reciclaje de baterías.
Siete modelos para siete formas de moverte, desde la Paseo ligera hasta la Cargo familiar. Y apenas empezamos: la ciudad todavía tiene muchas banquetas que cruzar.
No son eslóganes: son las reglas con las que decidimos qué construir y qué dejamos fuera.
Empaque sin plástico de un solo uso, componentes reparables y un programa para reciclar baterías al final de su vida. Menos discurso, más acciones medibles.
Colores que dan ganas, líneas redondeadas y detalles pensados a mano. Una Rambla se ve bien recargada en cualquier café de barrio, no escondida en la cochera.
Atención en español, talleres a la vuelta y una comunidad que rueda junta. Cuando compras una Rambla, te unes a un barrio, no a una marca lejana.
Tres personas que se conocieron arreglando bicis los fines de semana. Perfiles de muestra para esta demostración.
Diseñadora industrial de la UNAM. Dibujó el primer cuadro en una servilleta y todavía revisa cada radio de curva.
Ingeniero mecánico y ciclista de toda la vida. Es quien convirtió tres bicis prestadas en una e-bike de verdad.
Venía del mundo del café de especialidad. Organizó la primera rodada y, sin querer, fundó la comunidad Rambla.
Conoce el equipo, súmate a una rodada o pasa a probar tu primera Rambla. La ciudad se ve distinta desde el sillín.